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VALLE DEL PISUEÑA

La actual comarca del Pisueña se enmarca, en la primera Edad Media, en las Asturias, una de las demarcaciones territoriales que formaban parte del reino Astur Leones, y que surgieron en el proceso de conquista y repoblación llevado a cabo en el siglo VIII por Alfonso I. Posteriormente se convertiría en la Merindad de las Asturias de Santillana. Con anterioridad al siglo IX, no se tiene noticia escrita de la existencia de asentamientos a los que acompañe un terrazgo estable como medio de explotación permanente. En siglos precedentes cabe hablar de una ocupación extensiva del territorio por medio de clanes o comunidades familiares, en el marco de un régimen económico pastoril marcado por un nomadismo estacional.

Las primeras presuras, término con el que se designa a la apropiación de un territorio sin dueño anterior, datan del siglo IX y tienen lugar en la cuenca del Pisueña, donde el Conde Gundesindo se apropia de una amplia franja entre la cordillera y la costa central de Cantabria. En el año 816 está fechada una escritura por la que el Conde Gundesindo dona al monasterio de San Vicente de Fístoles, situado junto al pueblo de Esles, las villas y monasterios menores. El hecho de que en esta donación no se incluyan referencias a los cultivos agrarios permite pensar aún en un aprovechamiento pastoril del espacio.

Las unidades familiares como forma básica de organización social y explotación del terrazgo sólo se establecen en la comarca dos siglos más tarde. Lo hacen al amparo del avance en las formas de propiedad, de la tierra y del ganado, y del reconocimiento del hombre como cabeza de familia. El Valle es la unidad territorial superior y engloba los territorios de varias comunidades. Además cuenta con una serie de bienes en propiedad de uso común para el conjunto. Estaba constituido por concejos, y cada concejo estaba formado por uno o varios pueblos que se organizaban en torno a la parroquia.

La institución que encauza las relaciones sociales durante el periodo medieval, es la de Behetrias, o lo que es lo mismo, la caída en dependencia por parte del campesinado libre y propietario de sus tierras, en manos de los señores a quienes se encomendaban.

Los señores, y también los monasterios, se van apoderando arbitrariamente de los elementos colectivos del valle, sernas, molinos, helgueros...y a su vez se erigen en propietarios en varias comunidades al mismo tiempo para poder participar de las decisiones de los concejos. Los campesinos, indefensos, se ven forzados a solicitar la protección de señores o monasterios convirtiéndose al tiempo en defensores de sus protectores ante el consejo de la aldea.

Hasta el siglo XI lo habitual fue buscar la protección de un monasterio, las "ecclesias" que surgen al comenzar la reconquista, patrocinadas por la nobleza y establecidas sobre territorios sometidos a presura. Ofrecían, más allá de la seguridad terrenal, la segura salvación del alma.

Otro cantar es lo que acontece a partir del siglo XII, cuando los campesinos libres prefieren encomendarse a la nobleza laica y los dominios de abadengo pierden peso ante un proceso de concentración señorial. La situación del campesinado empeoró progresivamente, los contratos de encomendación pasaron de vitalicios a hereditarios y la inicial libertad para elegir al señor, se convirtió en obligatoriedad de seguir en el seno del linaje al que se habían encomendado. Pronto las aldeas y las personas de behetría se vieron obligados a satisfacer tributos en la misma medida que lo hacían los siervos solariegos, caso de la infurción, la martiniega por San Martín, o el montazgo, tributo que se pagaba por el tránsito del ganado por el monte. Los principales linajes de la comarca eran los Ceballos, los Obregón, los Arce y los Castañeda.

La ascensión del dominio solariego frente al de abadengo reflejaba el avance hacia una sociedad distinta, en la que destaca un incipiente proceso de urbanización.

Los De La Vega y los Castañeda son las dos familias que mayor poder alcanzan. El valle de Carriedo, junto con el vecino de Toranzo en la cuenca del río Pas, sufrieron las consecuencias más dramáticas del avance de estas dos casas.

El linaje más importante de los que tuvieron dominios en las Asturias de Santillana fue el de la Casa De La Vega, que probablemente tuvo su origen en la Casa de Lara. La mayor parte de la comarca del Pisueña pasó a su poder en 1341, por donación del rey Alfonso XI, junto con otros valles de la zona. Sólo Castañeda quedo fuera de su dominio. En un primer momento, este territorio estaba en manos de los Castañeda, que en la época de Fernando III, extendieron sus dominios por todo el valle de Toranzo y parte del de Carriedo entre otros. El último de los señores pertenecientes a este linaje murió a manos de las tropas de Pedro I el Cruel, durante una de las batallas que este rey mantuvo con los nobles de su reino para disputarse el poder. Al morir sin descendencia, el señorío de Castañeda fue concedido a Don Tello, Conde de Vizcaya y Aguilar. Su hijo, Juan Téllez casó con Leonor de la Vega, y al quedar ella como única descendiente de la Casa de la Vega, se consiguió formar un amplio dominio. La hija de ambos, Aldonza Téllez quedó de heredera de las posesiones de su padre, de manera que su consorte, Garci Fernández Manrique acabaría ostentando el título de Conde de Castañeda en 1420, por un privilegio otorgado por Juan II. Por otro lado, Leonor De La Vega se caso en segundas nupcias con el Almirante y Alcalde Mayor de la Merindad de las Asturias de Santillana, Diego Hurtado de Mendoza, con quien prosigue la expansión del más importante de los dominios territoriales de la Cantabria medieval. El hijo de ambos, Íñigo López de Mendoza, al frente de las casas de De La Vega y Mendoza continúa la expansión en Asturias de Santillana, Liébana y Campóo, lo que le ocasionó graves conflictos con su hermanastra y su marido, Condes de Castañeda, por la posesión de estos últimos territorios. El Rey Juan II le otorga, en 1445, el título de Marqués de Santillana. Treinta años después, los Reyes Católicos, nombran a su heredero, Diego Hurtado de Mendoza, Duque del Infantado.

VALLE DEL PAS

La historia en lo referido al poblamiento humano de estos valles, se remonta al Paleolítico Superior, conservándose vestigios en varias cavidades, como las del Piélago, Rascaño y Salitre, en el Miera, o sobre todo las cuevas del monte Castillo en Puente Viesgo: El Castillo, Las Monedas, La Pasiega y Las Chimeneas, siéndolas dos primeras visitables.
La primera noticia de presencia humana en los tramos altos de estos valles data del año 1011, cuando los Condes de Castilla donan al monasterio burgalés de San Salvador de Oña un territorio que es repoblado por pastores, en lo que probablemente es el origen del actual poblamiento pasiego.
La conservación de varios monumentos románicos dan indicio de una importante población medieval en el tramo bajo del valle del Pisueña, destacando la colegiata románica de Santa Cruz de Castañeda, uno de los monumentos religiosos más destacados de la región. Durante la Edad Media los valles se fueron organizando en distintas jurisdicciones que perdurarán hasta la configuración de los municipios actuales a principios del siglo XIX.


VALLE DEL MIERA

Los primeros asentamientos humanos en el valle del Miera se ponen de manifiesto en los restos encontrados en la Cueva del Rescaño en Mirones que datan del periodo auriñaciense (30.000a.c), desde entonces se han podido constatar ocupaciones del solutrense ( 19.000a.c) y azilense (9.000 a.c).

En la edad de Hierro, los Cántabros, pueblo de origen celta, fundan asentamientos en la zona de Liérganes, en los Castros de Castilnegro y Peñarrubia, ambos de reciente descubrimiento y en proceso de investigación.

En la Alta Edad Media se produjo una repoblación de la parte alta del valle, esto ocurrió hacia el siglo XVI. En el año 1622 se instaló la primera fábrica de artillería, municiones y piezas de hierro colado, formándose un gran complejo industrial, llegando su declive a finales del siglo XVII. Otro acontecimiento histórico que ha modificado la actividad económica de la zona fue la creación del Balneario en el siglo XIX aunque sus aguas ya se usaban a finales del siglo XII, esta actividad continúa hasta el presente.

La actividad económica de la zona alta delo valle ( San Roque de Riomiera y Miera) se basa casi exclusivamente en la actividad ganadera, aunque ultimamente va cogiendo un importante auge las actividades relacionadas con el turismo rural. Valle abajo a la actividad ganadera de toda la zona se suman otras actividades como la pequeña empresa, el comercio y ,sobre todo, las actividades turística y termalista.

El Valle del Miera, conformado por nmerosos barrios dispersos, en el interior de extensos prados salpicados de cabañas, reflejan su alta actividad ganadera. No obstante, la ganadería, hoy en decadencia, apuesta por el turismo rural y la actividad comercial, como tiendas de artesanía o turismo rural.

La comarca, se encuentra por tanto en una reconversión motivada por la disminución de la actividad agrícola y ganadera, motivada por la incorporación a la Comunidad Europea y el crecimiento de un potencial turístico de experiencia reconocida.

En la zona norte del valle se encuentra la población de Liérganes. Su riqueza arquitectónica es tan importante que ha sido declarado Conjunto Histórico Artístico. El barrio de Mercadillo y la plaza de Vitote son una buena muestra de la arquitectura clasicista de los siglos XVII-XVIII. De entre un gran número de edificaciones se puede destacar, entre
otras: Casa de los Setién, uno de los edificios más antiguos, fechado en 1565. Casa de los Cañones de estilo barroco. Palacio de la Rañada, conjunto barroco del siglo XVIII situado en el barrio de Rubalcaba. No podemos dejar de ver en el centro de la población el Puente Mayor del siglo XVI, tambien llamado Puente Romano.

En cuanto a la arquitectura religiosa podemos destacar: la Iglesia de San Pantaleón (S. XIV-XV), Iglesia de San Pedro Advíncula (S. XVII) o la Cruz de Rubalcaba. En Pámanes se puede visitar el Palacio de Elsedo construido entre 1710 y 1716 siendo uno de los mejores exponentes del barroco en Cantabria y que actualmente alberga el Museo de Arte Contemporáneo con obras de Chillida, Oteiza, Cossío y Solana entre otros.

Siguiendo hacia el sur llegamos a la población de Miera donde podemos visitar la Iglesia de Santa María en la Cárcoba. Dada su grandiosidad se la conoce como "la Catedral de Miera" en donde convive el estilo gótico, renacentista y barroco. Por último encontramos San Roque de Riomiera donde podremos visitar la Iglesia de San Roque del siglo XVII en el barrio de la Pedrosa.